Sant Jordi 2005
Artículo publicado originalmente el 20 de abril del 2005.
Se acerca el 23 de abril y, por tanto, las rosas y los libros. El día de Sant Jordi no es más que una fecha puramente comercial y tradicionalista, pero creo que es de las pocas que son positivas, sobre todo en el tema libros. Vivimos en la era de la informática, de internet, de las comunicaciones rápidas y de las consolas. Vivimos en un mundo gobernado por las modas efímeras, por el cine comercial, pendientes todos del reloj, envueltos en una aureola de estrés contínuo, todo producto de la sociedad y de la aceptación de ella por nuestra parte. Viendo este panorama no es de extrañar que la lectura sea un hábito que se esté perdiendo, sobre todo entre los jóvenes (en este caso no se pierde, es que pueda que no haya ni existido alguna vez).
¿Por qué la juventud no lee? La causa principal creo que la encontramos en el sistema educativo, que no estimula la lectura aún creyendo que sí lo hace. ¿El hecho de hacer leer obligatoriamente, por ejemplo, las aventuras del ingenioso Hidalgo a los 14 años, es un modo eficaz para despertar el gusanillo de la lectura? Lo más probable es que a esa edad mandes ese libro a la hoguera. Con 14 años deberían leerse libros adecuados a la edad, que poco a poco vayan abriendo la puerta del gran mundo de la literatura, un mundo lleno de historias y de personajes inimaginables, que sirve para que uno pueda evadirse de los problemas cotidianos, convirtiéndose la lectura, así, en un pasatiempos.
Llegamos aquí a otra cuestión: ¿leer por obligación o por devoción? El problema lo encontramos cuando la lectura, lejos de convertirse en un placer, se convierte en una tortura. Y una tortura para mi fué cuando a los 15 años me hicieron leer Tristana. Puede que sea un gran libro, una gran obra de la literatura, pero no para ser leída cuando eres un adolescente, y menos para ser leída por una parte de juventud que ni siquiera ha abierto una novela en su vida. Suerte que siempre me ha gustado leer y no perdí la afición por eso, pero tengo compañeros que gracias a ese libro, que nos hicieron leer cuando no tocaba, no han vuelto a abrir otro. Hay obras que uno debe leer por voluntad propia porque, si no es así, la predisposición ya se reduce y, si a la postre, este libro resulta un tostón (a esa edad), no encuentro anormal el hecho de aburrir la lectura.
He explicado un poco esto porque me gustaría ensalzar la fiesta de Sant Jordi como la fiesta del libro que es. Cuando paseo por las librerías en estos días y veo la afluencia de gente que en ellas hay me pongo contento, contento de saber que el libro, por ahora, no está condenado a desaparecer y que, por mucho que se reduzca el número de libros leídos por persona en España, siempre habrá quien lea y regale libros en este día, con la esperanza de que quien lo reciba se lo lea y pase un buen rato. El 23 de abril es una de esas tradiciones que no me gustaría que desapareciera, por eso yo la sigo y os animo a que la sigáis, ya sea regalando algún libro (los de bolsillo son más baratos) o, al menos, intentado leer los que a uno le regalen.
CCR | Pendulum (1970)
yo misma dijo
Estoy de acuerdo contigo, no hay mejor regalo que un libro, ni mejor amigo, que un libro.
La gente los tiene olvidados.
24 Agosto 2005 | 10:46 AM