Artículo publicado originalmente el 9 de abril del 2005.

La música es comunicación y lo que hace Mark Knopfler es hablar con su guitarra. El jueves por la noche las notas que emanaban de ese instrumento musical fueron el hilo conductor que sirvió para mostrarnos sus poesias hechas canciones. Más de 13.000 personas se dieron cita para deleitarse con esos riffs y solos de guitarra ejecutados con los dedos, sin pua, creando ese sonido tan particular y que le ha valido el reconocimiento de todos durante más de 25 años.

El primer momento eufórico llegó cuando tocó Walk Of Life, esa canción que todo el mundo ha escuchado, independientemente de saber o no que es de Dire Straits. Pero el primer momento emotivo de verdad fué cuando Mark cogió esa guitarra mágica, portada de Brothers in Arms, para tocar los primeros acordes de Romeo & Juliet. Un "oooohhh" se extendió por todo el pabellón y nos deleitamos con esa particular historia de amor. Al terminar el tema, y sin apenas haber digerido la emoción llegó Sultans Of Swing. ¿Qué puedo decir de este tema? Sencillamente que es una canción que Mark ama especialmente, ya que ella los catapultó (a Dire Straits) y pudieron salir de la penúria, inseparable desde que llegó a Londres para buscarse la vida. La tocó, y como la tocó, aunque a mi me hubiese gustado que el teclado hubiera intervenido al final (como en el Alchemy) para hacer más épico y apoteósico el tema. Con teclado o no esa canción es una joya. No recuerdo en qué punto del concierto fué, pero hubo un momento en que el público, totalmente entregado, empezó a corear el típico "oooeee oeeeee oeeeee oeeeee", a lo que Mark respondió imitándolo con la guitarra para luego improvisar una pieza acompañado de la batería y del teclado. Por cierto, el teclado estaba en manos de Guy Flecher, quien gravó con él en el último disco de Dire Straits, así como en la posterior gira mundial.

Pero el momento cumbre llegó después de que Knopfler tocara unas tres canciones propias de rhythm & blues. Llegó el momento más esperado para mi de todo el concierto, ese momento que tantas veces he imaginado: Telegraph Road. Cuando escuché ese "piiiiii" inicial se me puso automáticamente la piel de gallina. Puedo afirmar, con contundencia, que para mi es la mejor canción de Dire Straits y de toda la carrera de Mark. Sencillamente no tengo palabras para describir lo que fueron esos momentos, con ese piano suspendiendo la canción y con esa guitarra que se reengancha como si nada, para llegar al tramo final de la composición, una parte contundente y bestial, que te machaca cual martillo al clavo y, cuando termina, sólo puedes aplaudir de pie y dar las gracias.

Seguidamente Mark nos sorprendió con Brothers in Arms. Los mecheros hicieron su aparición, contribuyendo a hacer ese momento aún más emocionante. La siguió la pieza escondida de la noche, So Far Away, y sin respiro tocó Money For Nothing y se despidió. La gente no se fué de sus asientos, y los gritos de "Knopfleeer, Knopfleeer" surgieron efecto: salió el tipo que tocaba el acordeón y, en terminar una breve introducción, Mark salió para impactarnos con Going Home: theme from Local Hero, una poesía instrumental que puso el colofón a un concierto memorable. Recuerdo que mientras la tocaba yo agudicé al máximo el oído y noté como esas notas me llegaban al corazón, a modo de pinchazos. Así pude constatar que lo que siento por la música no es más que amor. Al terminar la canción todos nos quedamos sin reaccionar, pasmados, atónitos... en palabras de mi amigo Jordi "nos ha dejado mudos". ¡Cuánta razón! Después de esos momentos de alucine el Palau Sant Jordi estalló de júbilo y se rindió ante la fuerza y el señorío de uno de los grandes mitos vivientes de la música. Gracias, Mark.